Y ya que me he largado a hablar de actividades deportivas, a pesar de que tal vez nadie lea este compendio de historias, quisiera recordar en esta líneas lo que alguna vez me ha contado Ángelo Matías Filippetti, declarado seguidor fanatico del deporte de hombres, el Box.
Solía relatar las peleas en la mesa del Bar Nueva Guinea, (antiguamente ubicado en la calle Avellaneda al 400), de memoria, y casi cualquier pelea que se le pidiese.
Luego de su muerte, algunos de sus apuntes y escritos pasaron a mi poder, los que utilizaré también para hacer una breve reseña de tan noble deporte en nuestras tierras pampeanas.
La historia de los púgiles en nuestra ciudad, es grande y llena de gloria.
Este deporte de varones, tuvo su férrea raíz en nuestra ciudad desde comienzos de 1900, con la llegada a estas latitudes de Boleslaw Wojciech Pyrik, procedente de Polonia.
Púgil estilizado, era capaz de sostener una pelea durante horas y ganarla, aunque su rival lo superara en poderío físico, velocidad o estatura.
Quienes lo vieron pelear, sostienen que se movía como un ángel, sin tocar el suelo, y que sus puños siempre encontraban el lugar más débil del oponente.
El Colorado Pyrik (tal su mote pugilístico) nos dejó de herencia antes de su muerte (acaecida a la temprana edad de 58 años), el gimnasio “Puño y puño”, un referente de los primeros años del boxeo en nuestra ciudad, para aquellos gallardos hombres que se animaron al combate cuerpo a cuerpo.

Única fotografía que se conserva del Colorado Pyrik,
utilizada por éste para su Cédula de Identidad.
(Gentiliza de José María Sarandí)
Siguiendo los pasos del Colorado Pyrik, muchos entusiastas construían lugares de práctica para este deporte, incluso en terrenos baldios, a la intemperie, sobre la tierra misma.
Los gimnasios más destacados en los primeros 40 años de este deporte fueron: “El Gallo Cocoreto”, “Contra las Cuerdas”, “El Rincón”, “Honolulu” (que por las noches también era un cabaret), “Ultimo Round”, “No me tire’ la toaya” y el gimnasio de la inolvidable Agrupación de Preparación Física Gustavo Adolfo Bécquer.
Con los años, vendrían los galardones para los púgiles locales.
1915- Heliodoro Inocencio “la Cosa” Carraffa – Campeón Intercomunal Peso Mosca – Ciudad de La Chispa
1919- Atenor Benigno “el Santo” Mogrobejo – Campeón Provincial Peleas Callejeras – Ciudad de Rosario de Santa Fe
1920- Atenor Benigno “el Santo” Mogrobejo – Bicampeón Provincial Peleas Callejeras – Ciudad de Rosario de Santa Fe
1921- Atenor Benigno “el Santo” Mogrobejo – Tricampeón Provincial Peleas Callejeras – Ciudad de Rosario de Santa Fe
1922- Lauro Braulio “la Pantera” Olguín – Campeón de Boxeo Arrodillado – Ciudad de Mozambique – África
1923- Calixto Marcial “el Cana” Revuelta – Campeón Provincial Sobre Piso de Tierra – Paraje Raviola
1923- Whilburth James “el Inglés” Mc Caffie – Campeón Intercolegial Peso Completo – Gimnasio de la Escuela Fiscal Nocturna para Adultos Nº 54 “Noche Eterna” – Venado Tuerto
1927- Calixto Marcial “el Cana” Revuelta – Bicampeón Provincial Sobre Piso de Tierra – Paraje Raviola
1932- Clodovaldo Pancracio “el Gaucho” Zan – Campeón Intercontinental de Boxeo Poético – Ciudad de París – Francia
1936- Pánfilo Eleuterio “la Mosca” Mignona – Campeón Interbarrial Peso Pesado – Barrio La Puñalada – Venado Tuerto
1936- Severo Filomeno “el Enterrador” Pantaleón – Campeón Mundial Boxeo Interracial – Bangkok – Tailandia
1937- Zacarías Merino “la Gallina” Riestra – Campeón Mundial de Boxeo por Correspondencia – Desde la Casa
1945- Eusebio “el Clueco” Figueroa – Campeón Internacional de Box con Casco – Ciudad de Las Vegas – E.E.U.U.
De aquí en más, no se registran grandes logros para nuestros muchachos, hasta fines de la década de 1990, pero esto ya es historia moderna, con la cual no me inmiscuiré, dado el carácter virulento de nuestros púgiles, los cuales seguramente me molerán a golpes por no hablar bien de algunos, o por omitir a otros.


