Historia Oculta de la Ciudad

Junio 23, 2008

Capítulo Primero – Parte II

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Unos de los primeros casos de que tengo memoria, que nos tocó vivir con el Grupo, fue allá por mediados de la década del ’30, cuando pasó por esta ciudad una compañía de comedia de Buenos Aires, llamada “La de Paul Didot”, en la que se exhibía como uno de los números principales, al famoso encantador de animales Abdul Séller. Al final del número, como plato fuerte, pedía que alguien del público se acercara para encantarlo. En la presentación en nuestra ciudad (que fue una sola) subió al tablado una joven llamada Mercedes Domínguez. El encantador, la convirtió en perro ante el estupefacto público presente. Hubo un solo problema, (quizá en la articulación de las palabras o en la fonética esquiva del encantador) pero Mercedes no volvió a ser ella, no dejó nunca de ser perro. Luego de que la compañía, y en especial Abdul, abandonaran la ciudad viendo peligrar su integridad física, Mercedes andaba por nuestras calles ladrando.

Largos fueron los días que se le dedicó a este caso por parte del Grupo. Luego de varias entrevistas con Mercedes, en las que hasta se le enseñó a sentarse y a traer el diario, sin embargo esto, que fue obra de Marcos Quilivarre, no fue bien visto por su madre, Rosa Quinteros, quien optó por encerrarla en su cuarto y prohibirnos la entrada a su casa y todo contacto con Mercedes.

Luego de esto, la familia optó por otras inclinaciones para encontrar una cura, y fue así que todo tipo de curanderos, brujos, magos y exorcistas desfilaron por nuestra ciudad, para inútilmente, intentar curar a la joven, algunos venían de lejos, de Córdoba, de Buenos Aires, de Montevideo, y uno francés (que más tarde se supo que era de Villa Cañas), claro que ninguna de estas visitas se hizo de conocimiento público, dado que todas fracasaron rotundamente.

Un día de otoño, Mercedes cayó enferma, y el médico que la atendió dijo que era una enfermedad que nunca había visto en una persona.

A los pocos días, Mercedes murió.

La crónica de aquella investigación cierra con “Causa de deceso: MOQUILLO”, claro que nadie se atrevió a corroborar esta teoría del Grupo.

 

Ya que he nombrado a Marcos Quilivarre, recuerdo que anidaba en él un feroz conocimiento de las Instituciones de nuestra ciudad.

Supo en su momento, hacer memoria de ellas, las cuales en su mayoría (por no decir todas) hoy ya no existen.

Como homenaje a Marquitos y a estas instituciones, intentaré citar las que recuerdo y en la forma que lo recuerdo.

Si bien algunas no llegaron a contar entre sus filas con mas de 2 o 3 socios, otras no contaban con ninguno.

Digamos que aquellas que estaban destinadas al fracaso, lo traían desde sus actas fundacionales, es decir, el error estuvo siempre, en todas, en sus extraños o rimbombantes nombres, algunas resistieron a los envites, colocando siglas a su nombre, como ejemplo podríamos citar a la A. D. V. Q. T. E. P. D. M. D. D. D. D. L. C. D. V. T. D. S. D. S. F. (Asociación De Vecinos Que Trabajan En Pos Del Mejoramiento Del Canal De Desagüe De La Ciudad De Venado Tuerto Del Sur De Santa Fe), sin dudas, esta Asociación estaba destinada al fracaso.

¿Cómo membretar una epístola con este nombre?

Incongruencias.

Como ésta: C. D. E. D. L. F. M. C. D. E. T. C. O. B. P. D. I. D. L. C. (Comisión De Estudiosos De La Forma Más Conveniente De Escribir Títulos Cortos O Breves Para Denominar Instituciones De La Ciudad).

Un papelón.

Así y todo, Instituciones de la talla de la Asociación de Amigos de los Ingenieros, o la Asociación Civil Amigos del Campito e incluso la Agrupación Gaucha “Mate sin Azúcar” (nombre producto de la separación de una de las ramas de la Agrupación Gaucha “Mate con Azúcar”) duraron un período de gestión de sus autoridades. Claro está, y vale la acotación, estas Instituciones, a sabiendas de su fugaz existencia, muchas veces en sus estatutos, disponían como período de mandato de las autoridades de la comisión directiva un lapso de tiempo de 6 meses, 3 meses, o incluso 1 mes.

Marquitos siempre contaba que existió un Club de Ganadores de Carreras Cuadreras, donde las autoridades duraban en el cargo una semana, esto es, de sábado a sábado, cambiando según los resultados de las sucesivas carreras.

Al fin, los muchachos de la ciudad, fueron perdiendo el ímpetu, las ganas de conformar asociaciones, clubes, sociedades, etc, y solo unas pocas, con insulsos nombres perduraron hasta nuestros días.

¿Quién no quisiera poder pasar aún hoy por la vereda de la Casa de la Real Academia de Jerigoncio? ¿O visitar las exposiciones de cuadros de  la Sociedad de Pintores Daltónicos del Centro Pampeano? ¿O concurrir a los recitales de la Agrupación Musical Sinfónica Municipal de Sordos? ¿O cursar las extensas clases dominicales de la Comisión de Fomento del Uso del Ligustrín como Supletorio de las Tapias de Ladrillo?

Toda una Época de Oro de estas Agrupaciones de vecinos movilizados por el bien de la sociedad donde les toco vivir.

Un ejemplo para nuestros jóvenes descarriados que hoy en día sólo conforman bandas de rock y equipos de fútbol 5.

 

 

 

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